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Por Iván Rojas, Asesor Nuevos Negocios SGS Colombia

Y sí, es cierto: medio mundo está en crisis. La mayoría de Europa, asolada por los miedos del mundo financiero y los temores de la caída del Euro. Estados Unidos, aún con los remanentes del contagio de las hipotecas tóxicas y la quiebra o derrumbe de algunos bancos, sumados a un desempleo que a veces afloja y a veces no. Y entonces se habla que los países BRIC (Brasil, Rusia, India y China), están en franco crecimiento y por ello el colapso no ha sido total; y Latinoamérica, ahí.

Latinoamérica muestra signos saludables y ahora somos una suerte de paraíso de inversión (salvo una o dos excepciones que confirman la regla). Dólares entran día a día y materias primas salen. Pareciera ser que estamos llegando a un “boom” económico que podría catapultar a los países de la región a un desarrollo sostenido. Suena bien y parece bien. Y entonces llegan los rumores, las alertas y los vientos de crisis ¿qué hacemos? ¿Nos preparamos para la crisis, apretamos los presupuestos, generamos estrategias de choque y aguantamos a que llegue el embate de todos los nefastos efectos de la crisis? Es lo lógico y es lo que recomiendan textos y economistas. Sin embargo, ellos mismos no vislumbraron lo que podía pasar y lo que se ha venido forjando, así como no se explican del todo el paraíso (en lo financiero), que al parecer se ha armado en estas latitudes.

Y por ello tal vez sea el momento de todo lo contrario. Tal vez debamos seguir pescando en río revuelto. Probablemente no somos el faro tecnológico del mundo, pero seguro tenemos el combustible para hacerlo funcionar. Tal vez sea el momento de tomar una nueva posición ante las potencias intercambiando mejores condiciones. Parece ser el momento de impulsar los tratados de libre comercio: lleven “combustible”, traigamos mejor tecnología. Y en un intercambio de ese calibre tenemos que generar confianza, con organizaciones que cumplan lo que prometen, que saquen todo el potencial de lo que están destinadas a hacer, con la ventaja de tener la responsabilidad de proteger la amplia biodiversidad que nos caracteriza, lo cual siempre es de gran valor.

Así que al final, como ya lo sabemos, toda crisis es una oportunidad y en el caso de Latinoamérica, que mejor que tomar provecho de esta oportunidad sin la antesala de la crisis, con lo cual tenemos que darle la vuelta a las opiniones y a los libros economía. A invertir en proyectos, en capacitación de nuestra gente, a revisar nuestras estructuras y nuestras políticas. Cimentando profundamente los principios de mejoramiento continuo, probablemente estemos forjando una generación de organizaciones perdurables en el tiempo que nos generen riqueza a todos, que nos permitan nivelarnos por lo alto e iniciar un ciclo que ayude a cerrar las brechas económicas entre nuestra gente.

¡Crisis! ¿Cuál crisis? ¡Por acá estamos invirtiendo!