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La batalla contra la ineficiencia, en el amplio sentido del concepto, siempre debiese partir desde nuestras propias mentes. ¿Qué tienen que ver nuestros pensamientos con todo esto? Nuestros paradigmas, influenciados por factores culturales, de experiencias personales, formación académica, vida laboral, entre otros, generan una barrera construida bajo los principios de la parsimonia, que nos impide dar respuestas innovadoras y adecuadas a las necesidades de la sociedad y de las propias organizaciones.

Mientras en Chile se discute sobre la composición de la matriz energética de los próximos decenios -de la cual se esperan bajos impactos ambientales en los procesos de generación, distribución y transmisión eléctrica- en otros países se discute, por ejemplo, la forma de generar mayor cantidad de combustible de procedencia no fósil (biomasa u otros) para una necesidad proyectada como creciente de forma lineal.

Un aumento en la generación de energía, inevitablemente se traducirá en algún tipo de impacto ambiental en el corto, mediano o largo plazo, aunque estas sean energías renovables como la hidroeléctrica o sean combustibles como la biomasa. Adicionalmente las Energías Renovables No Convencionales, ERNC, como la generación de energía eólica o energía fotovoltaica, no han demostrado ser aún lo suficientemente eficientes en relación a la superficie necesaria para la generación, versus la energía producida. Para ponerlo en perspectiva, el recientemente inaugurado Parque Eólico Totoral en Chile tiene una capacidad de generación y aporte al SIC de 46MW de energía eléctrica, en circunstancias que solamente la industria minera en Chile consume sobre los 23.000MW.

Si bien es necesaria una mayor generación de energía, proyectar su consumo como lineal, demuestra nuevamente que la parsimonia es a veces mal amiga de la economía, la que nos enseña que un mayor esfuerzo requiere de mayores recursos, en este caso energéticos. Esa simple declaración, señoras y señores, no es del todo cierto.

A pesar de todo, hay confianza que la tecnología y la innovación ayudarán a contar en el futuro con energía limpia, también su producción será eficiente y los impactos ambientales se irán reduciendo constantemente.

Pero mientras no conozcamos aún “esa” manera de producir energía, debemos repensar qué hacer con los medios de generación actuales. ¿Los aumentamos? ¿Los disminuimos? ¿No lo sabemos? Pues bien, no hagamos ni lo uno ni lo otro, simplemente apaguemos la luz y pongámonos a trabajar.

La separación de las curvas

La eficiencia energética como concepto, parte de la base que un aumento en los esfuerzos de las organizaciones para obtener los resultados esperados -o aumento en la producción, si lo prefieren- no necesariamente requieran de un mayor consumo energético.


Bajo esta premisa, debemos dejar de lado el pensamiento que plantea que a mayor producción, mayor consumo de energía. Al contrario, una mayor producción debiera traducirse en crecimientos decrecientes de consumo eléctrico. Eso se conoce como “Desacoplamiento Energético”.

Suena extraño, pero esto es posible, primero que todo, conociendo el estado real de consumo de energía al que se adhiere la empresa, dadas las condiciones actuales de infraestructura, equipamiento, prácticas, perfil e intensidades de uso.

El desacoplamiento energético no solo es una teoría. Es un hecho, del cual muchas empresas se están haciendo parte. Claro, si uno considera que la eficiencia energética genera de dos a cinco veces más trabajos que la energía convencional para una misma inversión, estaríamos utilizando menos recursos, para producir más, ¿no es genial?

De la gestión energética y sus inevitables consecuencias

Encontrándonos ad-portas de la publicación de la norma internacional ISO 50001:2011 para Sistemas de Gestión de la Energía, podemos notar que su alcance va mucho más allá de la disminución de los costos en la gestión productiva.

Esta norma permitirá la reducción de la emisión de sobre un 54% de los GEI (gases de efecto invernadero) proyectados para el 2030 sin gestión energética. Se puede inferir, por tanto, que la eficiencia energética es y será la verdadera forma de invertir los problemas actuales que generan impacto al medio ambiente, como el efecto invernadero, crisis energéticas, el agujero en la capa de ozono, entre otros.

Son tantos los beneficios que entrega la implementación y certificación de este estándar, que se prevé que supere fácilmente a ISO 9001 como facilitador de intercambio comercial alrededor del mundo. Al ser una norma transversal a todos los sectores industriales, nadie podrá quedar sin certificarla. La ISO 5001 es y será, por mucho tiempo, el verdadero compromiso de las organizaciones con el medio ambiente y la eficiencia operacional.

Conclusión

Si bien se están haciendo esfuerzos por generar energía con bajo o cero impacto a la capa de ozono, las tecnologías actuales o bien impactan negativamente al medio ambiente, o bien no están obteniendo las cantidades necesarias de producción para la demanda de electricidad.

Para contrarrestar esta deficiencia, la eficiencia energética surge como la mejor forma de abordar mejoras en la producción, al mismo tiempo de ayudar al medio ambiente -específicamente la capa de ozono- disminuyendo la huella de carbono de las organizaciones.

El desacoplamiento energético busca separar las curvas de producción y consumo energético, las que actualmente crecen a la par y nos exigen una generación eléctrica cada vez mayor, la cual, en el futuro, no podremos suplir.