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Por Iván Rojas Quiñones, Asesor SGS Colombia

Hoy día estamos rodeados de mensajes sobre responsabilidad social: desde las empresas licoreras fomentando el consumo responsable de alcohol, las tabacaleras advirtiendo a los consumidores de los riesgos de fumar (obligadas por los gobiernos, en su gran mayoría), las compañías mineras sobre la responsabilidad ambiental y con las comunidades, los gobiernos sobre la responsabilidad en la equidad, y en general, las organizaciones empresariales mostrando sus acciones en el tema e invitando a participar.

Sin embargo, poco o nada encontramos en este sentido de parte de quienes somos los directamente afectados por ello: los consumidores. En especial en nuestras latitudes hemos asumido un rol pasivo y expectante ante esta situación. Probablemente, algo de reciclaje hacemos en nuestros hogares, algunas obras de caridad adelantamos cuando podemos, nos levantamos a apoyar en caso de una tragedia humana, pero normalmente no vamos mucho más allá. Nuestras asociaciones de consumidores son en general débiles y muy poco nos dictan en comportamientos o nos comparten información para hacer nuestras compras de manera responsable. Esa labor la hemos dejado en manos de las organizaciones, de las ONG (organizaciones no gubernamentales) y de los Estados.

¿Se ha preguntado alguna vez que significan todos esos sellos que nos encontramos en un sinnúmero de lugares, documentos y objetos? ¿Sabe usted la gran cantidad de trabajo que representa para una organización obtenerlos? Es decir ¿es usted un consumidor responsable? Realmente no hay muchas excusas para no serlo hoy en día con la globalización de la información, la facilidad en las comunicaciones y la explosión de las redes sociales. Todas las herramientas están a nuestro alcance para, si bien no ser expertos, al menos conocer las bases de estos temas y tomar mejores decisiones al momento de comprar.

Hoy más que nunca la importancia latente en cada acto de consumo es de trascendencia para las organizaciones. Al comprar un producto o servicio de manera responsable, no se compra únicamente por una carencia o necesidad personal, se premia el esfuerzo de una organización y se contribuye a su quehacer sostenible. Hoy día el valor agregado no solamente se encuentra en la funcionalidad extra de un producto o un servicio, se encuentra también en su responsabilidad con el medio ambiente, con sus trabajadores y familias, consigo mismas al mantenerlas viables y competitivas a futuro. Eso cuesta y eso también se paga.

Se entiende entonces el gran poder que tiene en sus manos (y en su billetera, por supuesto), el consumidor responsable. ¿Qué piensa Ud. hacer con tanto poder?