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Por Iván Rojas, Asesor SGS Colombia

Hablar de globalización ya es un lugar común en nuestros días. La facilidad y velocidad con la que la información se transmite ha facilitado enormemente tal dinámica y ha convertido las fronteras en líneas de delimitación política, pero poco de económicas. De allí que las organizaciones busquen las mejores condiciones para la producción de sus productos y servicios, desde el diseño mismo. La producción de muchos productos se da simultáneamente en múltiples países, para terminar ensamblados en algún otro y de allí distribuido a los consumidores. Un ejemplo de altísima complejidad es el Euro Fighter, el avión de combate más moderno de Europa, fabricado por Inglaterra,  España, Italia y Alemania. No hay lugar a la improvisación en un producto de millones de dólares de valor y cuyos secretos de diseño son de absoluta reserva y confidencialidad. Siendo así ¿cómo se logra?

La normalización es la respuesta, no hay otra posibilidad. Y al hablar de normalización no sólo hablamos de los planos o de los materiales, también se necesita normalización de las herramientas, métodos de trabajo, capacitación y sistemas de gestión. El olvidar cualquiera de estos detalles dará al traste con seguridad con cualquier iniciativa de este tipo.

Asimismo, la normalización también juega un papel fundamental en la adopción de estándares que facilitan la intercambiabilidad y reparación, uso de suministros previamente homologados, abaratando también los costos, facilitando la interconexión de tecnologías (con lo que aumenta la facilidad de uso ); con ello no sólo el consumidor gana con productos fiables y a mejores precios, sino que hay también una mayor responsabilidad con el medio ambiente, pues se facilitan los procesos de disposición final y de reciclaje.

Hay que tener cuidado de no confundir la normalización con una forma de igualar productos y servicios entre competidores. Es responsabilidad de cada organización tomar lo mejor en cada fase y de cada proceso, para resaltar sus diseños y lo que para cada una de ellas es el valor agregado a dar a sus clientes, con la clara ventaja que estos últimos sabrán agradecer el toque de “exclusividad” mezclado con los elementos estandarizados que les facilite el uso sin incrementos excesivos de costo económico o ambiental.

Queda entonces la invitación abierta al uso de las normas en todas las facetas de las organizaciones. Éstas sólo les traerán beneficios.